miércoles, 11 de febrero de 2015

EN PRIMERA PERSONA: PARTICIPAR SIN IMPORTAR EL PRIMER PREMIO.

EL RETEN tuvo la oportunidad de girar en el autódromo de Mar del Plata dentro del Concurso de Pilotos impulsado por la Monomarca. Experiencia por demás positiva y pocas veces vivida por el redactor.

Pocas veces en la vida escribí una nota en mi nombre para contar una experiencia por demás positiva. Por ello yo, Daniel David Erreguerena, sin haber nacido piloto debo decir que soy buen periodista. Me anoté con la premisa de girar en un auto de carrera, acelerarlo y sentir que se siente. Diria que fui uno de los pocos colegas que se animó a sentarse en un 128 de carrera preparado para la ocasión, además del director de cámaras de Mundoveloz Leo Lopez.



En principio, a las 10 de la mañana estaba pactado el encuentro en el autodromo costero. Una treinta de pilotos y entusiastas se dieron cita en el buffet del circuito para asistir a la reunión que el presi Raul Fernandez dió en compañía del Comisario Deportivo Daniel Jordan secundado por Jorge Pierini. El punto de la charla era claro: no maltratar los autos y no hacerse el piloto desde la primera vuelta.

Dicho y aclarado los tantos, se resolvió hacer una vuelta de reconocimiento al circuito con los autos particulares, en caravana. En el recorrido transitamos por las diferentes chicanas que se armaron para trabar el trazado, cada una con una bandera que servia como referencia de frenado siendo un total de 12 con diferentes trampitas. O sea, de encararlas con un amplio radio de giro en unas y cerradas otras, lo cual lo hacia interesante al desafío.

Y ahi estaba quien suscribe, con buzo antiflama y otros elementos prestados pero ansioso. No por demostrar nada, sino para sacarme las ganas y ver que se siente andar en un auto preparado para la competición. Debo decir que se generó un clima ameno, de mucha confraternidad y de varios colegas saludándome y preguntándose sin decirlo ¿sabrá este en qué se esta metiendo?. Sabia bien y reía felizmente por ello.

La prueba se pactó en dos mangas. Casi sobre el cierre de la primera me dí el gusto de subirme en el Fiat de Ariel Lopez, un tipo macanudo que tiene inmaculado ese auto y en las mismas condiciones que cuando corría en la divisional hace al menos 10 años atrás. Me ajustan los cintos, me dan las indicaciones de rigor remarcándome que no lo castigue de manera imnecesaria, lo pongo en marcha pulsando el boton de arranque, me empujan para sacarlo de box y ahi salgo: regulando hacia la salida de boxes y espero la indicación para salir a pista. Todo listo, recibo el OK y ahi salgo.

Giré cuatro vueltas al trazado chicanero. Fue lindo, acelerarlo, intercalar entre la tercera y cuarta marcha y manejar una caja Lancia que era una delicia por lo sensible que era. En honor a la verdad no buscaba demostrar nada, ni siquiera un tiempo medianamente aceptable. Simplemente acelerar y cuidarlo como para que termine enterito, sin ningun rebaje excesivo ni nada que castigue a los discos de freno. Como anecdota cuando terminé mi tanda "Pocho" Leonar me felicitó porque le entregué el auto enterito y me cargaba porque lo podria haber acelerado un poquito más. Un detallecito vió.

Ya para el cierre de la tarde me tocó girar de nuevo con "el verdelino" de Lopez. Pero ya estaba demasiado castigado. Acusaba los golpes en los guardabarros de haber rozado contra las chicanas de goma, embrague gastado y una transmisión demasiada gastada en la que la segunda marcha no entraba y despues comprobé que la tercera entraba no sin cierto esfuerzo. En esta ocasion me costó arrancarlo pero, con cinco tipos empujando y una patada de embrague en tercera arrancó y sali derecho a pista. En la mitad del curvón Belgrano no entraba la tercera marcha y no habia caso de meterla. De improvisto aparece Raul Fernandez con la camioneta saliendo Ezequiel Rosconi y se sube conmigo de acompañante. Logramos meter ese cambio y me dediqué a manejarlo. Con la sapienza que mi compueblano tenia me indicaba como transitar los radios de giro y en donde acelerarlo. La verdad fue una experiencia por demás divertida con Toto.

Vuelvo a remarcar: no quise hacer tiempos de punta o medianamente aceptables porque piloto de carreras no soy. Simplemente me saqué la espina de ver que se sentia estar arriba de un auto de carrera, sentirlo como una extensión de mi cuerpo, tener otro punto de vista sobre quien se anima a debutar por primera vez de manera oficial en el automovilismo deportivo y de paso no quedarme con el "que lindo hubiera sido haber hecho eso, al menos una vez en la vida". Para nada, logré mis objetivos, me fue satisfecho por el trato que me dió la dirigencia y los comisarios deportivos para conmigo y con cada uno de los que se anotaron.

Eso si, si se estan preguntando como sigo en el automovilismo les diré: llendo a los autódromos con mi libreta de apuntes, mi grabador, la camara de fotos y la buena onda de siempre. Cosas como estas hay que valorarlas por siempre en el refugio de la memoria.





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