jueves, 16 de julio de 2015

Celebramos a la leyenda. Cumple años Dora Bavio

Hoy cumple años Dora Bavio, recordada corredora de Turismo Mejorado y TC A de la década del 60 y principios de los 70. En El Reten no quisimos ser menos y le rendimos un homenaje a su trayectoria deportiva. 


Haga memoria. ¿Cuantas mujeres argentinas fueron corredoras o manejaron con cierta regularidad un auto de carrera? Pensemos, Delfina Frers, Yanina Zanazzi, Marisa Panagopulos, Maria de los Angeles Hanhcik, Violeta Pernice, Julia Ballario, Andrea Di Palma, Karina Furlan, Gisela Segade Sanchez y mas para el sudeste bonaerense sumariamos a Josefina Vigo, Maria Eugenia Paredi entre otras.

¿Sabe a que viene a cuento? Porque hoy 16 de Julio cumple 73 años una mujer que se le animó a los autos de carrera en la década del 60 y principios del 70, y quizas una de las precursoras del volante femenino. Se trata de Dora Bavio, nacida en Buenos Aires pero criada en el campo paterno de Balcarce. Debutó el 1 de Mayo en la carrera de Turismo Mejorado llevada a cabo en Lobos, con un Renault 1093, clasificandose 6ª. T uvo una extensa campaña deportiva, muy ligada a Peugeot, llego al TC en la Vuelta de Salto en 1970 con un 404, también tenía planificado participar en la categoría en las “6 hs. De TM” pero la competencia se suspendió.

Segun cuenta Guillermo "Tuerquita" Blanco, Dora corrió infinidad de competencias y grandes premios de Anexo J, hizo un alto, para regresar a la competencia en 1995, en el Rally de la República Argentina 1995 , con un Suzuki, cerrando su campaña deportiva…

A continuación, para conocer un poco más sobre la historia de Dora Bavio, reproducimos una entrevista que le realizara en 1970 la naciente revista Gente, con fotos del foro Historia TC y algunas de la propia Dora Bavio

'En realidad siempre me gustó el automovilismo. Ya desde muy chica en el campo que mi padre tiene en Balcarce, me entusiasmaba todo lo que tuviese algo que ver con la mecánica y los autos. Allí aprendí a manejar. Primero fue un tractor, con el que hacía de todo, me metía por los lugares más insospechados, entre el ganado, iba al pueblo. Hacia cualquier barbaridad. Además, fíjese que Balcarce viene a ser algo así como la cuna del automovilismo. Yo no podía escapar a esa magia de la velocidad y fue así como nació mi pasión por correr.'

Uriarte al dos mil y pico. A cuatro cuadras de Plaza Italia. En el primer piso vive Dora María Bavio, veintiocho años, pelo castaño, largo, que se tira hacia atrás con un ligero movimiento de cabeza, ojos inmensos, sonrisa permanente. Lleva puesto un suéter negro de cuello alto, pantalones celestes, mocasines. Está sentada a lo buda en su dormitorio. La escenografía es sorprendente: paredes con cascos de carrera, affiches, dos escopetas y varios trofeos. Un marco bastante insólito para el dormitorio de una mujer. Pero de inmediato se comprende. Dora Bavio ha elegido entre miles de profesiones la de correr automóviles. Es una de las pocas que existen en el mundo. Pese a las pocas carreras que largó (no más de diez) ha conseguido uno de los principales halagos a que aspira cualquier conductor: se ha clasificado en todas y siempre entre los primeros puestos.

—Suena un poco raro.
—¿Qué cosa? ¿Que una mujer se dedique a correr? No veo la razón.
—Al menos no es muy común que digamos.
—Eso es otra cosa. Puede ser que no sea muy común pero no es nada raro: yo corro porque me gusta.
—¿Qué le gusta del hecho de correr?
—Qué sé yo. Es una sensación, muy difícil definirla.
—A los hombres también les gusta jugar al fútbol.
—A mí no.

Arrastra las palabras cuando habla. Sonríe constantemente y acaricia un gato que duerme siempre.
—¿Cómo comenzó todo esto?
—Mi primera carrera fue con un Renault 1093 durante 1966. La Vuelta de Lobos, en donde me clasifiqué cuarta.
—¿Cuántas carreras realizó hasta el momento?
—La Vuelta de Lobos, 200 kilómetros en el Autódromo, donde salí, tercera; El Gran Premio, en el que sólo corrí dos etapas, clasificándome en ambas; Las Flores, en donde sólo hice la prueba de clasificación ya que la carrera se suspendió; Concordia, con un buen quinto puesto; Capilla del Monte, Salto, Venado Tuerto, Los Cóndores. Tengo el orgullo de poder decir que en cuanta carrera largué conseguí clasificarme.
—¿Tiene novio?
—No. Rompí el año pasado. Pero no por el automovilismo. Llegamos a un momento en que nos dimos cuenta que la cosa no andaba y decidimos no seguir más. Me sentí mal, pero no tenía razón de seguir.
—¿Cómo se siente en una carrera?
—Al principio un poco nerviosa. Sobre todo antes de largar, cuando la gente nos rodea, cuando los periodistas tratan de lograr su nota, como una vez que estaba por largar y uno mete en mi auto el micrófono y una cantidad infernal de cables. Pero una vez en carrera la cosa cambia. Sólo interesa el auto y el acompañante. Además hay carreras que tienen rectas de más de sesenta kilómetros y uno se aburre si no tiene un acompañante que haga chistes y lo entretenga. Y los demás competidores son siempre gente macanuda, nos pasamos caramelos de auto a auto, nos preguntamos los unos a los otros si tenemos problemas, nos ayudamos. Muchas veces me pasan en plena carrera y me hacen seña para que me ponga detrás, así ellos me llevan con la chupada de su auto. En fin, el ambiente es macanudo.

Hija única, Dora ignora los caprichos que podría tener por su condición. Cuando no está en el taller trabaja en una dependencia del Ministerio del Interior, donde gana 46.000 pesos mensuales. Estudió hasta tercer año secundario en un colegio de monjas, el "Santa Teresa". Cuarto y quinto debió completarlo en el Colegio Mitre para poder recibirse de bachiller.
—Entonces ingresé en la Facultad de Medicina. Pero en lugar de recibirme como médica preferí seguir con la carrera de obstétrica, eran tres años solamente y por el campo de mis padres pensé que me convendría. Finalmente me recibí, pero nunca he ejercido. Entré hace seis años en el Ministerio del interior.
—¿Qué hace con el sueldo?
—Sólo me alcanza para cubrir los gastos del auto.
—¿Cuesta mucho tener un auto de carrera?
—Bastante. Quiero aclararle que yo empecé desde cero. Todo a fuerza de pulmón. Para poder comprarlo tuve que dar a cambio otro Peugeot y el resto en cuotas. Como se imagina, estoy sin auto ya que el preparado no lo puedo sacar a la calle.
—¿Quién financia el auto?
—Al principio era todo mío. Luego me ayudaron las propagandas. Pero el que me alentó y me apoya tentó financieramente como espiritualmente, es Coelho.
—Usted corre para el equipo Peugeot. ¿No tuvo problemas para que la aceptasen?
—¿Por ser mujer. No. Nada de eso. Ellos ya me conocían.
—¿En qué condiciones está en el equipo?
—Como los demás. A principios de año fui a SAFRAR para ver si se podía hacer algo. Estaban dedicados a la preparación del Rally de México. Me encontré con Paco Mayorga y charlamos un rato largo. Así me enteré que Coelho tenía tres autos cero kilómetro para largar. Fui. Lo hablamos, y desde entonces integro el equipo Peugeot.
—¿Cómo es recibida por el público cuando va a correr a un lugar?
—Al principio les causa un poco de gracia. Comentan "esta no llega ni hasta la puerta de su casa" o "esta no llega a dar la vuelta", pero para ellos. Conmigo son y han sido todos muy amables. Por otra parte, tienen la experiencia de las suecas (extraordinarias conductoras) y desde entonces se cuidan un poco en los juicios anticipados. También con ellas decían lo mismo cuando las vieron salir..., y ganaron el Gran Premio de punta a punta, primeras en la general y en cada una de las etapas. Eso no quiere decir que yo me considere tan buena volante como las suecas. Es un ejemplo que traje a raíz de la reacción del público.

El teléfono llama insistentemente. Se piden entrevistas para televisión. Dice que sí.
—Usted...¿cómo es?
—Como todos. Me encanta ir al cine. Ir a bailar. Divertirme. Las cosas corrientes.

Al día siguiente la cita era en el taller de Coelho, en San Fernando. Allí se prepara su Peugeot para las próximas carreras. Ocho y media de la mañana. Dora llega con su campera de competición color naranja, traje antiflama y casco. Un mundo de grasa y aceite. De hombres en overol que asoman sus piernas bajo el auto pidiendo tal o cual llave. Todo el equipo está allí, trabajando. Conocen su oficio de memoria. Dora observa cómo el auto está tomando forma definitiva.

—¿Le gusta el taller?
—Me gusta mucho. Siempre he armado y desarmado autos..., eso sí: de mecánica entiendo lo indispensable. Pero nada de exquisiteces. Simplemente lo elemental.
—La mayoría de los corredores tiene cábalas. ¿Cuál es la suya?
—Ninguna. No soy supersticiosa. Creo en mi capacidad y de ella dependo, pero nada de tal o cual número o cosas por el estilo.
—¿Qué va a hacer el día que deje de correr?
—No sé. Por ahora pienso sólo en correr así que no me he detenido a pensar qué puede suceder el día de mañana.
—¿No le tiene miedo a nada? ¿A los accidentes?
—No me gustaría que me pasase algo de eso, pero como creo que depende de mí espero que nunca suceda.
—¿Qué piensan sus amigas de usted?
—Nada. Van a verme correr, les encanta.
—¿Su novio qué pensaba?
—Ya le dije que eso es cosa nuestra.
—¿Cuáles son sus planes?
—Correr el Gran Premio, que se disputará por varios países limítrofes.
—¿Casarse?
—No estoy de novia.
—¿Qué va a hacer hoy?
—Quedarme en el taller para ver cómo anda esto.
—¿Esta noche?
—Dormir. Mañana hay que levantarse temprano.

Se levantará temprano, desde luego, y cumplirá dos ritos intrascendentes y uno fundamental dentro del esquema vital de esta singular, joven, divertida, valiente muchacha argentina: hacer las compras, ir a la peluquería y volar al taller para zambullirse una vez más en el mundo seductor del ruido, los motores y el vértigo.

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