viernes, 7 de julio de 2017

Gran Premio de Austria 1975: Vittorio Brambilla y la última victoria naranja

En la previa del GP de Austria que se correrá en el Red Bull Ring, recordamos aquel Gran Premio Austriaco de 1975 que es recordado por ser la única victoria que tuvo Vittorio Brambilla y por que el temperamental italiano estrelló su March una vez finalizada la carrera.


(ESCRIBE ALEX GARCIA - DIARIOMOTOR) El Gran Premio de Austria de 1975 es recordado ampliamente por varios motivos aunque el más llamativo es, cómo no, la forma de celebrar la victoria que tuvo Vittorio Brambilla. De tanta emoción al saberse ganador de un Gran Premio de Fórmula 1, el italiano levantó ambos brazos en un gesto de júbilo y acabó golpeando las protecciones, dañando el frontal de su March y volviendo a boxes con un coche maltrecho pero con una sonrisa en la cara tan visible que incluso con el casco puesto es fácil de ver en las fotografías de la época. Pero esa carrera es también la última victoria en la Fórmula 1 de un monoplaza de color naranja.

Cuando el gran circo de la Fórmula 1 llegó al Österreichring -actual Red Bull Ring- para el Gran Premio de Austria, la afición local esperaba ver la consecución del título por parte de Niki Lauda, líder destacado de la clasificación general. Con una ventaja de 17 puntos, al austríaco le valía con expandir su ventaja en un punto sobre Carlos Reutemann para obtener su primera corona. El piloto de Ferrari estuvo a un gran nivel a lo largo de los entrenamientos clasificatorios y logró una importante pole position que le situaba en el mejor puesto para conseguir el objetivo final del año en su carrera de casa.

Tras el héroe local, su futuro rival James Hunt le acompañaba en primera fila con Emerson Fittipaldi y un inspirado Hans Joachim Stuck en segunda. Clay Regazzoni en el otro Ferrari era quinto y a Carlos Reutemann había que ir a buscarle a la undécima posición. Lo que pocos intuían era que el ganador de la carrera no iba a ser ninguno de ellos sino un Vittorio Brambilla que partía desde la octava posición y que iba a sorprender a propios y extraños con una gran actuación bajo un diluvio bíblico. Desafortunadamente, el ambiente era algo sombrío tras el accidente de Mark Donohue durante los entrenamientos. Su estado era grave y acabaría falleciendo tras la carrera.

En lo deportivo, el domingo se levantó con el cielo encapotado pero la pista seca. Cuando la parrilla estaba ya formada, reportes de lluvia empezaron a llegar y los equipos montaron neumáticos de agua sin dudarlo, con el agua llegando al cabo de poco. No fue hasta 45 minutos después, que volvió a formarse la parrilla y la carrera pudo comenzar con relativa normalidad aunque con unas condiciones muy delicadas. Lauda partió mejor que nadie y mantuvo la cabeza de carrera con Hunt en segunda posición y un sorprendente Brambilla tercero tras adelantar a cinco pilotos en la salida. A sus espaldas, Ronnie Peterson realizó una arrancada aún mejor y saltó de la décima a la cuarta posición.

Con el paso de las vueltas, pronto fue quedando claro que a pesar de los neumáticos de agua, los reglajes de Lauda no eran los idóneos para las difíciles condiciones del asfalto y en la vuelta 15 acabó siendo superado por un Hunt que tomaba más riesgos que el líder del campeonato tras tres vueltas de presión intensa por parte del británico. Desafortunadamente para él, un problema en el motor Cosworth del Hesketh -sólo funcionaban siete de los ocho cilindros- fastidió el empuje del popular Hunt y pocas vueltas después Brambilla dio cuenta de él tras haber superado también a Lauda, que cada vez sufría más con el aumento de la intensidad de la lluvia.

Jochen Mass había logrado subir hasta la tercera posición, ayudado por los continuos problemas de Lauda y una parada a boxes de Peterson con problemas de visibilidad en una visera defectuosa. Pero tampoco llegaría el alemán a subirse al podio ya que sufrió un trompo y cayó hasta el cuarto puesto, permitiendo que le adelantara Tom Pryce en el único Shadow que usaba motor Ford Cosworth. El de su compañero Jean-Pierre Jarier volvía a montar por segunda y última vez el musical pero no tan competitivo motor Matra V12. El galo apenas había estado diez vueltas en pista, tras las cuales el sistema de inyección dijo basta.

Con la lluvia cada vez más fuerte, desde la Grand Prix Drivers’ Association y la dirección de carrera empezó a plantearse la opción de parar la misma por motivos de seguridad y finalmente en la vuelta 29 de las 54 previstas se interrumpió la actividad. Pudo -o quizás debió- haberse hecho con una bandera roja pero a quien correspondió la decisión ondeó la bandera de cuadros en la línea de meta, con lo que un sorprendido Brambilla se encontró de golpe y porrazo con una victoria inesperada aunque merecida teniendo en cuenta la gran actuación que estaba realizando el piloto de March. La sorpresa le llevó a levantar ambos brazos en señal de celebración y ello le hizo perder el control del coche, golpeando las barreras y dañando el frontal de su coche de forma extensiva.

Inicialmente varios pilotos y equipos se prepararon para volver a salir pues habría sido lo normal en la situación que se estaba viviendo en el circuito. Pero la decisión de haber sacado la bandera de cuadros impedía que la carrera pudiera reanudarse ya que había sido dada por acabada de forma oficial. De esta forma, Vittorio Brambilla pudo celebrar su primer triunfo en la categoría reina siendo el piloto de mayor edad de la parrilla a sus 37 años. A su lado en el podio le acompañaron un satisfecho James Hunt en segundo puesto y Tom Pryce en tercera posición. Jochen Mass fue cuarto en su McLaren con Ronnie Peterson quinto tras su no planeada parada a boxes.


Niki Lauda finalizó sexto y con Carlos Reutemann fuera de los puntos, habría sido campeón… en caso de haberse repartido los puntos de forma normal. Puesto que la carrera no había llegado al 75% de distancia, se dieron la mitad de puntos y el austríaco se llevó medio punto de “su” carrera, quedándose por lo tanto a otro medio punto de ser campeón. El título tendría que esperar al Gran Premio de Italia, tres semanas después. Aunque para Lauda pudo ser una pequeña decepción, en Ferrari seguro que celebraron la situación pues ello permitió sellar los títulos de pilotos y constructores en Monza, en el mejor escenario posible para celebrarlo con los siempre apasionados tifosi. En cuanto a Brambilla, no volvió a subirse al podio aunque sí fue campeón del mundo de resistencia con Alfa Romeo…

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