viernes, 15 de septiembre de 2017

Una década sin Colin McRae.

Diez años han pasado del 15 de septiembre de 2007, fecha que ha quedado marcada en la memoria de todos por el accidente de helicóptero que terminó con la vida de Colin McRae, a buen seguro, uno de los pilotos más carismáticos y querido por la afición del Mundial de Rallyes. 

(IVAN FERNANDEZ - DIARIO MOTOR COMPETICIÓN) Muchas son las imágenes que recorren nuestras cabezas cuando hablamos del escocés. No sólo su carácter y carisma marcaron a varias generaciones de seguidores, también su pilotaje espectacular, siempre sin guardarse nada, no ha vuelto a tener parangón.

Sin duda, aquella fría y lluviosa mañana del 15 de septiembre de hace una década es una de las jornadas que más marcadas se me han quedado en la retina después de tantos años escribiendo sobre rallyes. Diez años después de tener que dar la noticia que nunca quise dar, el accidente de helicóptero cerca de Lanar, Escocia, en el que Colin McRae, su hijo Johnny de cinco años y dos amigos de la familia perdían la vida.

Es una de esas cosas de las que cuesta informar. McRae, a pesar de llevar casi un lustro alejado del Mundial de Rallyes a tiempo completo se había mantenido activo, compitiendo entre otras cosas en el Dakar e incluso atreviéndose por aquel entonces en una disciplina nueva como eran los Summer X-Games. El Campeón del Mundo de 1995 había demostrado en todas ellas su garra y la competitividad que siempre le había movido, incluso aunque esto le siguiera costando en muchas ocasiones no poder terminar las pruebas por accidente.


Hace sólo unas semanas, con motivo de la cita francesa del Mundial de RallyCross, se me hizo inevitable volver a acordarme de Colin al ver el apellido McRae estampado en las ventanillas del Volkswagen Polo 4×4 T16 de Loco Energy Drink pilotado por su hermano, Alister. Me pregunté sobre cuál podría haber sido el proyecto en el que hubiera estado enrolado Colin de borrar lo acaecido aquel 15 de septiembre. Imposible no sonreír al pensar sobre ello. Seguro que, en casa, tumbado en el sofá no estaba.

La figura de Colin McRae ha sido muy importante para cientos de miles de aficionados durante estos años, incluso después de su pérdida, los videos de sus hazañas y su pilotaje han dejado sin aliento a los que no tenían uso de razón cuando el escocés volador desapareció. Sus juegos, los muchos documentales acerca de su longeva carrera deportiva, su rivalidad con Carlos Sainz y Luis Moya, con los que guardaba una gran relación de amistad fuera de los tramos y multitud de historias que no se pueden contar.

En competición era incansable. Su talento y rapidez al volante del Subaru Impreza Grupo A o del Ford Focus WRC sólo se veían eclipsados por su testarudez y empeño. Un talento innato que en muchas ocasiones le llevaba incluso a superar los límites de la física, terminando irremediablemente fuera de pista. Era entonces cuando Colin sacaba su gen luchador, nunca se rendía, nunca hincaba la rodilla y esperaba a la grúa viendo pasar el resto de competidores. Imágenes como las del Rally de Argentina 1997 o Chipre 2002 dan una buena muestra de lo que era Colin McRae una vez se enfundaba el mono y se abrochaba el casco.

No me gustaría termina el recuerdo a Colin McRae sin una de esas historias sobre él que más me han gustado. Era Nicky Grist, con motivo del lanzamiento del DiRT Rally, el que se acordaba de su antiguo compañero contando una de las historias (Rally Acrópolis 2001) que demostraban el carácter de este genio sin réplica.

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