Guido Falaschi. Nueve años de una tragedia que no tendría que haber sucedido

Hace casi una década se apagó el brillo de una promesa en ascenso. Una tragedia que aun duele.

(FOTO Y TEXTOS: DANIEL ERREGUERENA) El almanaque marca 13 de noviembre. Pasaron 9 años y para quienes andamos la ruta de los autódromos sea como trabajador o como espectador en la tribuna, cada 13 de noviembre se nos hace un nudo en la garganta e inevitablemente nos invaden los recuerdos de ese 13 de noviembre del 2011 en el autódromo Juan Manuel Fangio. 

Rememorar los hechos, lamentar todo lo malo que se hizo para que el TC corra sí o sí en Balcarce por todo el dinero que se invirtió y lamentar una muerte de un chico joven, de una promesa que tenía mucho por delante. Quizás de no haber ocurrido, el TC hubiera sumado a Guido Falaschi en la selecta galería de campeones y no la de los pilotos caídos. 

Transcurre el tiempo y a todas luces fue una muerte absurda. Y más absurda porque las negligencias siguen sucediendo y las cosas que no tendrían que pasar, suceden: competir en circuitos con el asfalto asentado con lo justo, (o con pozos profundos que la brea no alcanza a tapar en tiempo y forma); correr con una lluvia espantosa con cero visibilidad del parabrisas para adelante rogando que nadie se pegue, para después culminar la carrera con bandera roja; o muros de hormigón que terminan cediendo por el impacto a gran velocidad a metros de las tribunas. 

O simplemente competir en autódromos que en materia de seguridad no están aptos pero por presión gubernamental la categorìa corre igual.

Pareciera que Dios es tuerca. Pero hasta Dios pierde la paciencia.


Pasaron nueve años. Nueve años que se apagó la luz de un chico de 22 años que tenía mucho por delante y que dejó lindos recuerdos en todas las personas que lo conocieron y fueron parte de su entorno. Si me pongo a pensar, Hoy a Guido Falaschi lo imagino como un piloto maduro, experimentando, con paso en tres o cuatro equipos oficiales en el Súper TC2000, con campeonatos en el Turismo Carretera, más títulos en el Top Race y el Súper. Quizás formando una familia, plasmando en los suyos la educación que recibió de sus papás. ¿O nosotros no somos lo que nos enseñaron nuestros padres? 

Hace nueve años muchos fuimos testigos de una tragedia que no tendría que haber sucedido. Se podría haber esperado un mes y quizás el autódromo hubiera sido el escenario ideal para una fecha coronación (el contexto hubiese sido ideal: ¿qué mejor manera de celebrar un título de TC en la tierra de Fangio y en el Centenario de su natalicio?) 

Pero Guido está presente. Presente en la memoria de su familia, de sus amigos, de la hinchada en cada bandera que cuelgan en los alambrados en cada carrera de TC, en cada recuerdo, en cada autito a escala, en algunas canciones el grupo de rock Sincara compuso un tema en su homenaje llamado “Días de gloria (al pibe Guido)”- o en la construcción de una réplica de su Ford Falcón que ya está en su fase final de su armado. Un modesto y sentido homenaje que encaró un grupo de amigos con un auto que les donó Walter Alifraco. 

La revista Solo TC revela un grato detalle: el trabajo final está a cargo de los mismos mecánicos que atendieron al auto en 2011 dentro del HAZ Racing Team.

Pero las tragedias suceden, pasan los años y las heridas no cicatrizan: duelen más que el primer día.

Esta imagen refleja un poco un momento de distendimiento entre Guido Falaschi previo a la carrera de ese domingo. Sucedió el jueves a la noche despues del partido a beneficio que se celebró para el Patronato de la infancia local y la escuela República Argentina. Rodean a Falaschi: Mauro Giallombardo y quizas Jorgito Molinatti. (Foto Daniela Ansa)


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